La gloriosa siesta

La búsqueda de la felicidad es un tema que sin dudas toca en lo profundo del alma de todo ser humano, Desde tiempo remotos, cuando ni siquiera se podía hacer el fuego intencionalmente, esta raza tan racional de la cual todos formamos parte, ha indagado incansablemente en la exploración de esta hermosa sensación que es sentirse feliz, a gusto. Mediante un vago pensamiento, no sería difícil imaginar que la gente común consideraría llegar a la felicidad máxima cuando se poseen buenos amigos, una familia sana, dinero o ver como sus objetivos, o deseos, de la vida se comienzan a cumplir progresivamente. Pero yo, difiriendo del pensamiento de la masa, propongo una propuesta, valga la redundancia, mucho más simple, económica, y al alcance de todos en cualquier lugar: la siesta.Siesta

¿Qué es la siesta? Según varios diccionarios carentes de emociones, de pasiones, la siesta es un momento del día, por lo general después de la comida del mediodía, que se destina a dormir o descansar. ¿Pero qué sabe esta gente de lo que es una buena siesta? La respuesta es un corto y categórico NADA. Dormir la siesta es más que descansar, es muchísimo más que acostarse después de comer a dormir un rato. La siesta es un viaje de ida, como la droga, pero más sana, que una vez que se la prueba, se vuelve adictiva, se te mete en las venas y en la cabeza, te volvés preso de ella.

Cuando era pequeño, me era muy común escuchar como mis padres, aturdidos por tanto trabajo, solían decir que les era imposible dormir la siesta, que era cosa exclusivamente de la gente que vive en el interior del país, que se da el gusto de poder cesar con su actividad para tener un parate en el medio de su día (¡Vagos!). Con los años, comencé a diferir de esa tenebrosa idea que tenías mis padres, y entendí que la siesta se un mal necesario, hasta obligatorio si se quiere ser feliz.

Según varios estudios realizados alrededor del mundo, la gente está durmiendo entre una hora, hora y media, menos que hace 50 años. Atrapados por el sombrío sistema capitalista que obliga a la gente a trabajar más y más cada día para apenas poder cumplir las necesidades básicas, la gente deja de dormir, de comer, para cumplir con sus tareas. Continuando con la descripción de estos estudios realizados en Buenos Aires, México DF y San Pablo, un breve lapso de siesta de 40 minutos puede mejorar sustancialmente la productividad de un trabajador. ¿Cómo no vas a querer la siesta, si encima te hace ganar más plata? [Nota completa]

Pero la siesta no sólo es buena porque ayuda a incrementar la productividad durante el trabajo, sino que también tiene un propósito personal, anímico. Nunca nadie ha dicho “Uy, qué feo es dormir la siesta”. Y si alguien lo dijo, no es digna de este mundo. Cuando uno duerme la siesta, no sólo se nota más descansado, aliviado de la presión que venía arrastrando desde que se levantó, sino que su ánimo se levanta proporcionalmente a la duración de esta siesta. Después de una lapso de tres horas de sueño ininterrumpido, la gente es más feliz, sonríe más, está más abierta a realizar actividades que le traigan placer y diversión.

Con respecto a la longitud de las siestas y el resultado que le dará al dormilón, es importante también destacar que hay distintos tipos de siesta, no todas son iguales, algo así como las mujeres.(?) Cada siesta tiene su propósito, su lugar, su situación. No es lo mismo levantarse por la mañana diciendo que por la tarde dormiremos una placentera siesta, a que quedarse dormido apenas se llega a la casa, o tan sólo desplomarse sobre el escritorio del colegio/facultad/trabajo. Sin dudas todas tiene un resultado distinto. La primera no posee ese factor sorpresa, no brinda tanta felicidad, porque ya sabremos que tras la misma estaremos más descansado desde varias horas antes de consumirla. La segunda, mientras tanto, sí posee esa hermosa sensación de desplomarse en la cama, ponerse a ver tele, y de golpe abrir los ojos tres horas después, totalmente renovado, como cuando Mick Jagger se inyecta sangre de un nene de 16 años para sentirse más joven. La última es totalmente inesperada, proviene de tan sólo apoyar la cabeza en el banco para tratar de evitar la diabólica parla del profesor o del jefe, que te taladra la cabeza, cuando uno sólo está pensando en que se quiere ir. Son 30 minutos de pura felicidad, donde, babeada sobre los apuntes mediante, te olvidás del dolor de cabeza que es cursar o ir a trabajar, y te trasladás a un ámbito hermoso, donde no existe nadie más que vos y tus pensamientos.

La siesta además tiene un componente que no te pueden dar ni 378(?) horas de sueño por la noche: no soñás. O al menos no lo recordás por lo general. No hay nada más lindo que tirarse a dormir, o caer dormido, y ni siquiera soñar. Es algo así como anestesiarse, poner la mente en blanco completamente y desaparecer del mundo. Eso es lo más placentero. Por su parte, una siesta soñando ya no es tan linda, porque la cabeza y tu memoria trabajan mucho más, por lo que el resultado no es el mismo, uno no se siente tan aliviado a la hora de levantarse.

Otro de los grandes beneficios de la siesta, es que no posee horarios, sino una gigantesca banda horaria entre el almuerzo y la cena, donde sin importar la duración, ésta nos hará ver al resto del día con mejores ojos. Sin embargo, también hay que destacar las siestas fuera de hora, improbables desde la definición, pero con frutos jugosos y deliciosos. Partiendo de la mañanera, por lo general se gesta a partir de la gente que cursa por la mañana y trabaja por la tarde, logrando recuperar las energías necesarias, que no te da un café ni la bebida energizante del toro, para ir a ser esclavizado por tu jefe. Mientras que la de la noche tiene un propósito totalmente diferente. El mayor porcentaje de las mismas se efectúan los viernes por la noche, antes de salir a romper la discoteca. Esta inyección de fuerzas te permite salir a tirar unos deliciosos pasos de bachata en la pista, y por qué no, tratar que el bichito del amor pique en el(los) pecho(s) de una señorita.(?)

La siesta es algo que deberíamos consumir todos para ser feliz, y no esas cosas baratas como la marihuana que te destruyen la cabeza. Citando a la gloriosa Biblia de la Inglesia Católica, sobre la parte donde se trata el tema de la resurrección del Señor Cristo, uno de los apóstoles cita: “Y antes de subir a los cielos, Jesús durmió una siesta para llegar fresco a ver a su padre”. Como contrapartida, aquel simpaticón líder alemán (en realidad nacido en el Imperio Austrohúngaro) con el bigotito minúsculo, también conocido como Adolf Hitler, Adolfito, Führer, Fito, Bigotín, y muchos otros más, estableció en su libro Mein Kampf: “Yo no duermo la siesta, eso es algo para los giles”. Años más tardes terminaría siendo uno de los mayores asesinos, y mentes más perversas, de la historia de la humanidad. ¿Por qué? Porque no dormía siesta, claro está.

Así que ahora, cuando te pregunten si dormís la siesta, respondeles orgullosamente, inflando el pecho, “Lucho, ¡por supuesto viejo!”, como el glorioso músico Andy Chango le respondía a Lucho Ávila ante la pregunta si había aspirado cocaína. Dormir la siesta no es un mérito, es una obligación. Es algo que florece desde lo más profundo del alma, como tomar la teta. Uno no sabé porqué lo hace, porque también puede tomar Sancor Bebé Premium, pero toma la teta por instinto, porque le surge. El proceso de llegar y preparar la cama para acostarse a dormir, es similar al que uno hace cuando siente los placeres máximos de la vida (no todo es sexo(?)). 

La siesta es una pasión, una locura sin cura. Uno deja todo lo que tiene que hacer y se va a dormir la siesta, porque ella nunca te abandona, porque está en las buenas y en las malas. Cuando lo único que querés es olvidarte de todo y descansar un poco, ella está ahí, como tu vieja, pero menos rompe bolas.

Sin dar muchas más vueltas sobre el amor infinito que poseo hacia la siesta, comienzo a concluir este texto tan liberador, tan vehemente. No importa donde estés, qué hora sea, o qué día sea, dormí la siesta. Te va a hacer bien, vas a sentirte mejor persona. Y si algún superior te dice algo, mostrale el artículo que te hace más productivo y mandalo a dormir la siesta, porque claramente, además de manejar el patrullero por no hacer palmas, ese tipo/a tiene demasiada amargura en su vida. Por último, cuando te levantes, no te olvides de comerte una terrible porción de chocotorta o una picada (“panza llena, corazón contento”), o decirle que le gustás a tu chica, porque nada puede malir sal después del momento más lindo del día. Me despido una vez más, yéndome a dormir la siesta. Au revoir.

 

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