La más linda del baile

Hoy en día en el Planeta Tierra vive más de 7000 millones de personas, de diversos sexos, edades, orígenes o etnias. De esa gigantesca, titánica, cantidad de gente, no existe siquiera un 0,001% que no le guste comer. A todos nos gusta comer, aunque no engordar, y perder nuestra forma, aunque ese es un tema aparte. Pocas cosas se comparan con llegar a tu casa muerto del hambre, arrastrándote, e ingerir lo primero que veas en la heladera. “Panza llena, corazón contento”, un lema de vida. Lo hermoso que tiene el mundo culinario, es que posee una extensa variedad de comidas para todos los gustos, saciando los deseos de cualquier persona alrededor del globo. A pesar que sobre gustos no hay nada dicho, y mucho menos con esto, hay una comida que sobresale sobre todas, que gusta a nivel mundial, y posee más variantes que ninguna otra: la única e inigualable pizza.pizza

La pizza es algo más que una comida, no es sólo un pedazo de masa con un poco de salsa y queso encima. Representa una variedad de gustos y apariencias imposibles de imaginar en cualquier otra comida, producto, o ser vivo. Puede ser dulce, salada, picante, amarilla, marrón, verde por las abundantes verduras, o cualquier otra cosa. Se la puede comer en el almuerzo, como postre, como aperitivo, como cena, o por la mañana, bien fría sacada de la heladera. La pizza sirve para todo lo que te imaginás, y mucho más, dándole aquí comienzo a mi breve relato sobre lo que significa para mí: una pareja incondicional, que no importa cómo se vea, o si está caliente o no, siempre estaré ahí para darle todo mi amor.

Todo comenzó algún tiempo atrás en la isla del sol cuando un maravilloso ser italiano se le ocurrió cocinar un pan plano en forma redonda, y a partir de ahí nada pudo frenar lo que era inevitable: el surgimiento de la mejor comida de la historia. Los romanos le implementaban sus variantes, así mismo como los griegos y los alemanes, pero una cosa había en común, en todos los lugares era igual de rica y aceptada.

“Qué fea que es la pizza”, dijo nunca nadie, o tal vez alguien que le pegaban mucho de chiquito(?). Una zapi recién salida del horno, es como la llegada de un hijo, un proceso mágico con un final feliz siempre. Todo comienza con la amalgama de unos pocos ingredientes, que forman el pilar de la pizza, su masa. A partir de aquí todo será crecimiento para ella, desarrollará sus gustos, y tras un leve golpe en el horno, saldrá a la luz, lista para ser degustada por un feliz grupo de seres humanos, preparados para sentir el placer del queso derretido en el paladar. A partir de aquí, toda charla se termina, dejando sólo algunos bocados, permitiéndome el juego de palabras, de vez en cuando, sobre todo para exclamar a los siete mares, cuán rica está la pizza. Porque claro está, no existe la pizza fea, y menos cuando es uno el que elije su gusto.

Y esto me da el pie para tocar en el fondo del tímpano de otro tema sustancial para los que amamos la pizza. La pizza une gente. Sábado a la noche otra vez, sólo y confundido, te llamé, un grupo de amigos no sabe qué hacer. ¿Qué va a hacer para evitar el tedioso aburrimiento? Se junta a comer. ¿Qué come? Pizza. ¿De dónde? De *de píe* delivery. La pizza es la solución a más de un problema de la vida. No sólo es algo perfectamente placentero para nuestras papilas gustativas, sino que nos ayuda a formar, tal vez, las mejores noches con amigos, acompaños de unas cervezas, unas gaseosas, o un ferné. Lo que se suponía que comenzaba como una breve juntada para comer, termina siendo una eterna noche de anécdotas humillantes, historias graciosas, todo inmerso en un glorioso mar de risa. ¿Eso se puede con el sushi? No, ni se va a poder. Porque la pizza es mágica, como el autobús mágico. Hace cosas que nadie más puede hacer.

Adentrándonos a las inmensas profundidades del océano de los gustos de las pizzas, éstas comienzan desde lo más simple, hasta lo más complejo, por lo general catalogadas como “la especialidad de la casa”, donde según los orígenes o el estilo del lugar, se pueden llegar a ver cosas excéntricas, irrisorias desde todo punto de vista. Por ejemplo, en Brasil, país que no se destaca mucho por su buen gusto culinario, posee una de las mejores creaciones surgidas desde una cocina: la pizza de chocolate, que reemplaza la clásica masa de pan, por una de chocolate, obviamente, bañada en una orgásmica salsa de chocolate, e inclusive a veces culminada con la presencia de la diosa del Olimpo, la pasta de Nutella. También hay otras variantes, como las que poseen frutas, como el ananá o la banana, aunque no llegan al nivel de excelencia de la recientemente citada.

A pesar de las nuevas incursiones en la pizza, las más tradicionales son las que siguen llevando la cabeza en la carrera de las más degustadas. La mozzarella simple y sencilla sigue llevándose todos los laureles, seguida detrás por los gustos más clásicos, como la napolitana de tomate, con jamón y morrones, la fugazzeta, o algunas ya más elaboradas como la de jamón crudo con rúcula, o de cuatro quesos. Todas son ricas. Hasta las que tienen ingredientes detestables pasan a ser ricas en una pizza. Ella todo lo puede, es todopoderosa, como el señor, pero más rica.

Tal vez una de las cosas más destacables que tiene la pizza, es que no discrimina, acepta la procedencia de todos por igual, en todo sentido. Propiamente refiriéndonos a la pizza, y no a su consumidor, la pizza tiene muchos orígenes distintos: casera, delivery, de restaurant o congelada. Todas son igual de ricas, a todas se las quiere por igual, ¡chupala comida árabe! La sensación de sentarse a comer y ver una pizza en la mesa, es una de las cosas más lindas que te puede pasar, casi tanto como ganar un Mundial cada semana de tu vida. Pero lo más importante, es que la pizza no discrimina a su consumidor. Pobres o ricos, blancos o negros, americanos o europeos, todos comen pizza, y todos por igual, de los mismos gustos, cosa que con otras comidas no se puede realizar. Nuevamente, la pizza une gente, al igual que ocurre cuando uno se junto a ver un partido de cualquier deporte. ¿Cuál es la comida? Pizza.

Comenzando a sintetizar este amor que no morirá jamás, es importante que cada uno de nosotros, todos los días, le agradezca a ese hermoso ser que creó la pizza, que debe estar en el cielo jugando al tenis con Dios, por haber ideado la mejor combinación de ingredientes jamás creada, que no importa cuánto futuras generaciones se esfuercen en el futuro, porque éste será totalmente en vano. Juntémonos con amigos, miremos fútbol y comamos pizza. Así seremos todos un poco más felices todas las semanas.